Registro de relaciones entre Moros y Cristianos en la Villa de Somontín (Almería). Acto primero.

Acto primero

Rey Cristiano
Válgame Dios que congojas
ocupan toda mi alma,
cuando alegre y con vosotros
al placer yo me entregaba,
llegó un parte a mis manos
que en estos términos habla:
Con alta traición se ha visto
y con perfidia inhumana,
que estando ocultos los moros
en una verde emboscada
esperando a los cristianos
que con fervor celebraban
las fiestas de su Patrón
que en procesión lo llevaban,
han salido con gran furia,
y cual lobos en cabaña,
se han arrojado a la Imagen
y presa se la llevaban,
y según datos tengo
en el castillo se halla.

Sargento
Pues señor, si a vos parece,
corramos a recatarla,
que no es razón toleremos
perfidia tan inhumana.
¡Guerra, fuego mi señor!
Vamos la honra a resarcir,
porque es el pueblo español
pueblo que sabe morir.
Aquí en este mismo pueblo
han habitado mil moros
pero resonó el cañón
y a las huestes castellanas
se entregaron los canallas
para su turba y baldón.
En el sitio que han robado
nuestra imagen sacrosanta
aún quedan allí memorias
que recuerdan nuestras glorias.
Así pues mi general
somos hijos de Pelayo,
como él, muramos venciendo
en la venturosa lid,
o que podamos muriendo
nuestra honra conseguir.
¡Que retumben los cañones!
¡Que rebramen los aceros!
¡Que tremolen los pendones
que siempre triunfantes fueron,
que gran nombre consiguieron,
al noble pueblo español!
¡Guerra, guerra sin cuartel
a ese cobarde canalla!
Tenemos muy buena gente.
¡Ea pues, mi general
disponed ya la batalla!

Rey Cristiano
Con ese objeto he venido
y las tropas me acompañan
mas son tantos los cuidados
que mis atenciones llaman
que no sé, si aceptaré
a disponer la batalla.
Por una parte me admira
el silencio que ellos guardan
debiendo oírse las voces
de sus fuertes alharacas.
Por otra, espero esta tarde
carta de mi esposa amada
la que está con cuidado
y quiere que me ponga en marcha.
Mas con todo, esto es urgente
y mi deber lo reclama,
pero veremos primero
si se vencen con palabras.

El jefe de ese castillo
preséntese a sus murallas
a darme satisfacción
de lo que ha hecho su canalla.

Mas, Cielo, ¿No me respondes?
¡Ea cobarde!, ¿a qué aguardas?
Supuesto que no respondes,
disponed ya las descargas.

Paje
Alerta los centinelas
que guarnecen el castillo
que estamos todos cercados
de los cristianos activos.
¿Dónde está mi Emperador?
que salga a este desafío
pues yo soy niño y no puedo
cumplir este cometido.
Si las tropas no me faltan
y no abandonan sus puestos
temblará toda la España
a las filas de Marruecos.

Rey Moro
¿Quién se acerca a mi castillo
y sus líneas las traspasa?

Rey Cristiano
Cristianos que resentidos
allí en el campo te aguardan,
a exigir que les entregues
de San Sebastián la estatua.

Rey Moro
No quiero gastar el tiempo
en inútiles palabras;
si tan valiente te haces
preséntame tus escuadras,
pues mis valientes guerreros
todos dispuestos se hallan.

Rey Cristiano
Quedo enterado.
Muy pronto tu altivez será humillada.

Mis cuidados fueran menos
si Roque se presentara.

Roque
¡Señor, señor!

Rey Cristiano
¿Quien me llama?

Roque
Yo señor, que llego a veros,
y a entregaros esta carta
que mi ama me la dio
encargándome mil veces
que respuesta le llevara.

Rey Cristiano
¿Hace mucho tiempo
que te la entregó tu ama?

Roque
Señor, hace poco rato
que mi ligereza es tanta
que compite con el rayo,
y ni el aire con sus alas,
puede igualarse conmigo
en presteza tan extraña.

Rey Cristiano
Vamos a leer despacio
lo que contiene la carta.

(silencio mientras lee la carta)

No creía Roque amigo
que de engañarme trataras,
diciéndome que hace poco
que recibiste la carta,
cuando demuestra ella misma
según su fecha tan larga
que te has entretenido
o has padecido borrasca,
o que en Madrid te estuviste
por novedad de mi casa.

Roque
Puedo deciros señor
sin faltar a mi palabra
que no me he entretenido
ni he padecido borrasca,
que son cosas que en el mundo
acontecen a manadas,
y si su majestad quisiera
ahora mismo las contara.

Rey Cristiano
Cuéntalas Roque y veré
si es verdad o es patraña.

Roque
Quisiera tener palabras
para deciros señor
lo ocurrido en mi viajata,
pero al cabo lo diré
bien o mal o como salga.
Ya sabes señor que yo
me llamo Don Roque Parla.
Don porque yo me lo pongo
y Roque por las palabras
que el señor cura me dijo
cuando a mi me bautizaba.
Mira niña ¿Abrenuncias?
¿Sabes que Roque te llamas?
¿Y que no has de ser pesada
por ningún pretexto y causa?
Es fetal ese París,
lléveselo a su casa.
Desde entonces prometí
no sea que a parir
llegara andar ligero y hacer
lo que las embarazadas,
que están siempre en un ¡ay!,
no pueden estar paradas.
Conociendo esto muy bien,
mi señora a Roque llama.
Acudí, pregunté al punto
que era lo que me mandaba
y me dice, ¿Serás hombre
a conducir esta carta
a mi esposo, que no puedo
sufrir ausencia tan larga?.
Yo le respondí, señora
si encontrase alguna lancha
que surque el ligero mar,
al punto me pongo en marcha.
La encontré, le di el aviso;
escribe pronto la carta,
me la entrega, me la embolso,
me despido, y al momento
se pone lista la barca.
Caminamos con gran aire
para el gran puerto de Urrácal
y al pasar por la bahía
se armó tan fuerte borrasca
que nos fue preciso anclar
en frente de aquellas playas;
comimos bien y despacio
mientras pasó la borrasca;
mas luego que hubo pasado
al momento y sin tardanza
el barco se hizo a la vela
y próximo a la playa
de una ciudad populosa
que creo Purchena llaman
tuvo que estar detenido
porque el viento quedó en calma.
Mas luego que favorable
el mar se nos presentaba
hice que se dirigiera
hacia aquí el buque en su marcha
y estando cerca del muelle
que las Rayicas le llaman
se movió un aire tan recio
y una tempestad tan mala
que hasta el Itsmo de Motroy
nos echó la marejada.
Por fin después de correr
tan peligrosa borrasca
vine a dar con el castillo
que al parecer llaman Granja,
desde donde vi las almenas
de esta fortificación
y de esta ciudad amurallada.
Llegué al puerto felizmente
que Peñaredonda llaman,
registré la artillería
que guarnecía esta plaza
y los muchos centinelas
que en el Pretil registraban
todas las embarcaciones
que a la bahía llegaban
nos vocearon: ¿Quién vive?
Yo manifesté la carta
que traía para vos
y al momento tuve entrada
y haciendo un fuerte ruido
de clarines y de cajas
me he encaminado hacia aquí
con novedad tan extraña,
y ver señor el motivo
de mi imprevista tardanza.

Rey Cristiano
Válgame Roque; y qué humor
es siempre el que te acompaña.
Déjate de esas locuras
y empuña firme la espada
y sígueme, que si el Santo,
me da su protección santa
he de vencer a ese moro,
y esa imagen sacrosanta
que retiene, ella saldrá
a las fuerzas de mis armas.
!Ea, fuertes españoles!,
nuestra religión sagrada
pide el condigno castigo
de las huestes africanas.
Fórmense los batallones
y prepárense las armas.
Mitades hacia el frente
a presentar la batalla.
Ganaderos, cazadores,
quedar a la retaguardia.
Suene el parche, el clarín suene:
¡alarma, alarma!.

Rey Moro
No tengáis, moros, cuidado,
el castillo preparad
las almenas coronad,
el bronce está preparado
municiones hay bastantes,
para que salgamos triunfantes
de los cristianos airados.

Rey Cristiano
Calla moro, calla moro
la batalla te preparo
si esa imagen que has robado
con felonía tan rara
no la entregas al momento
a las fuerzas de mis armas.

Rey Moro
No la entrego y tu verás
que las huestes africanas
no se rinden a la guerra
ni temen tus amenazas.
Esa efigie que adoráis
con vuestra religión vana
he de quemarla en el fuego
y a las aguas arrojarla
para que con ilusión
no propongáis alcanzarla.
Solo Mahoma es profeta
y su religión santa.

Rey Cristiano
¡ Oh moro impío, soberbio idólatra
no profanes con sacrílegas palabras,
una Ley de las que es autor
la misma Ley soberana
que sin conocerla tú
vino a salvar tu alma!
Ley que a Israel asombró
ley de profetas amada,
entre truenos publicada
extendida por el mundo
y con la sangre esmaltada
de mártires valeroso
que a la corona romana
se opusieron defendiendo
la cruz de nuestra esperanza.
Uno fue aquel Sebastián
que representa esa estatua
que supo vencer valiente
la tiranía inhumana
de Diocleciano furiosa,
que estando el cuello a su espada
así sujeta esa lengua,
sucia, soez y menguada,
que vive Dios que si oigo
tan insolentes palabras
he de estremecer el aire
el fuego, la tierra y el agua,
y hasta el Cielo quedará atónito
al ver mi espada.
Responde:
di, si entregas esa imagen sacrosanta.

Rey Moro
No pienses que temo yo
esas fuertes amenazas
que Alá sabrá defender
de esta guerra la causa;
y si tu no te retiras
te haré una fuerte descarga
que en ella todos quedéis
en el campo de batalla
pues si tengo como gente
vil, fatua y afeminada
y tal vez a ti tampoco
la ley de guerra te valga.

Rey Cristiano
Calla moro y reflexiona
muy bien lo que te hablas.
Te enviaré un embajador
que mis propuestas te haga:
¡Piensa muy bien la respuesta!
¡No desprecies la embajada!
te la envío porque te estimo
por mi caridad cristiana.
Adiós. Al ir, no te olvides
de lo que mi voz te habla.

Rey Moro
Alá os guarde vida larga.

Rey Cristiano
¡Ea, formen en batalla!
Vuelta la espalda al castillo,
medias compañías salgan,
para formar en columna,
toquen el tambor o caja.
Caminar al campamento
y allí la tropa formada,
luego que vea el resultado
os será la orden dada.
……………………
Atención embajador
ya sabes muy bien la causa
que estimula a que te envíe
con la presente embajada
y que por grandes motivos
doy la presente batalla
en esto se empeña Dios
y su religión sagrada;
San Sebastián nos ayuda
todo el Cielo nos ampara;
hacerle presente al ir
en las mejores palabras;
amenazarle con furia,
y hacerle ver que mi espada
tomará satisfacción
de una empresa temeraria
si da lugar a que yo
determine mi venganza
¡El señor vaya contigo!

Embajador
El nos conserve en su gracia.

Jamete
Señor, señales hacen de paz
un embajador cristiano.

Rey Moro
Pues permitirle la entrada
y veré que es lo que quiere
su impertinente embajada.
Salir dos a recibirle
y recogerle la espada.

Embajador
Rey invicto,
cuyo valor fuera fácil,
a no ser lo que partiera
de adoraciones calmarte.
Sabed que mi Rey me envía
a que os ruegue y a que os hable
que le entreguéis ese santo
que en su procesión robasteis.
Os haga ver es un Santo
que a pesar de su sangre
supo vengar con denuedo
de Dios el tirano ultraje,
nada ganáis con tenerle,
pues para vos nada vale,
al católico le sirve,
pues es un capitán grande
amparo de nuestras vidas
y del ejercito adelante.
Yo os ruego os prestéis gustoso
y al hacerlo nos dilatas;
pues si te tardas, es fuerza.
Y os requiero de su parte
que le temíais que es guerrero.

Rey Moro
Callad, callad.

Embajador
Señor, al rogar con paz vengo
y para esto es preciso
que te proponga primero
que estáis sujeto al arbitrio
de nuestras valientes armas.
Hallándose este castillo
colocado en este monte
mal defendible, retira
las armas. Pues en él
cuando no te estreche el brío de los soldados
podrán los embotados cuchillos
del hambre y de la sed
herir con menos peligro que el acero
y cuando no fuere bastante
uno de estos conflictos
pueden poner fuego
a todo este distrito
haciendo que arda en pavesas
aún, antes de que alumbren visos.
Siendo pues señor así
y que no tendréis auxilio
mas que apelar al perdón
que mi rey use contigo.
Mirar si os está viendo
disponerse a sus partidos
en cruda guerra, pudiendo
capitularles conmigo.

Voces
No, no aceptad, señor, la vida
pues, te contemple rendido.

Rey Moro
Antes que yo te responda
mi gente te ha respondido
pues es mi gente tan mía
que viendo que nunca he sido
cobarde para las armas,
están diciendo que no,
a tus voces que han oído
así, retírate, y di
que yo no temo conflicto,
que Alá me socorrerá
para que quedéis vencidos.

Embajador
Me ha dicho también mi Rey
que si en esto andáis remiso
dará orden a un general
que os abrase este castillo
os maten todas las tropas
sin reserva a vos mismo
haga Numancia esta tierra
mengivilo todo el sitio
horno todo el horizonte
y pavesas el castillo.

Rey Moro
No temo esas amenazas.

Embajador
Pues no os queréis a vos mismo.

Rey Moro
Yo soy sujeto a la muerte
y sin honor no desisto.

Embajador
Temer su furia señor.

Rey Moro
Encargo no necesito.

Embajador
Pues Dios os guarde.

Rey Moro
Alá se vaya contigo.
acompáñale soldados
y darle la espada os digo.

Jamete
A darnos esas noticias
no vengas mas al castillo
pues si otra vez te veo
haz de salir aturdido.
¿Pensabas que aquí venias
a escupir por un colmillo?
No quede aquí a Panzacola
Jamete os hará la mamola.

Embajador
Señor, la respuesta traigo.

Rey Cristiano
Muy bien, ¿Y cuál ha sido?

Embajador
Que el santo no nos lo entregan.

Rey Cristiano
Vive Cristo, vive Cristo
que de hacer arda en pavesas
todo ese fuerte castillo
¡Ea! ánimos soldados
a la guerra preveniros
no temáis las medias lunas
porque Dios nos dará brío
mañana el castillo será nuestro
pues en el santo confío
toda la riqueza es vuestra
sin reservar al Rey mismo.

JURA DE BANDERA

A una guerra soy llamado
donde el honor se interesa
por los moros con presteza
nos encontramos sitiados
y, pues estáis alistados
me ha ocurrido un pensamiento
que prestéis el juramento
que presta todo soldado.
Abanderado hacia el frente,
cuatro pasos adelante,
tú, a su derecha, ayudante,
cruza la espada y detente,
¿Juráis a Dios y a su santa Religión
toda la sangre verter
cual forzado campeón?

Responden todos
Sí, juramos.

Rey Cristiano
La Gloria de este patrono
hijos, juráis defender.

Responden
Si.

Rey Cristiano
Pues si así lo hacéis
Dios os lo premiará
y si no os lo demandará.
Ahora debéis venir
con un alma satisfecha
pues la propuesta está hecha
y la debemos cumplir,
ahora desfilar, venir
que la cruz vais a besar,
ella os ha de librar
de aquella sangrienta lid.

Desfilad todos y besad la cruz.

Guerreros, la gloria alcanza
el que muere en esta acción,
el pago halla en la mansión
con la bienaventuranza.

(Fuego)

Descansad de la fatiga
y dad a vuestras personas
del sueño el preciso alivio
que mañana ganareis
victoria todos conmigo.

Fin del Primer Acto

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