La Banda de Música de José Portaz

Autor: Ramón Navío y Teo Oliver - Fecha: 8 de enero de 2012 (actualizado: 30 de mayo de 2012)

Solfa en el Teleclub

José Portaz director de la banda de música de Somontín
José Portaz

Poco después de que tocase por última vez la Banda de Música formada por Gervasio el Civil 33 años antes, ya con su fundador muerto, José Portaz decidió crear una nueva banda a partir de los niños y jóvenes del pueblo.

Debía de ser el año 1976 cuando comenzamos «la solfa» en el Teleclub (los bajos del Ayuntamiento). Allí nos reuníamos cada noche más de 30 chavales (no había ninguna chica) para, marcando con la mano el compás de la música, cantar las distintas lecciones del método de Hilarión Eslava.

Cada noche de lunes a viernes, antes de cenar, el Teleclub se llenaba de alumnos. Una hora en la que, de uno en uno se recitaba la lección y, si no había errores, se pasaba. Luego, en grupo, se hacían ejercicios para aprender los distintos tiempos o las duraciones de las notas.

Cada alumno pagaba al mes 500 pesetas a José. No sé si el ayuntamiento también le pagaba algo, aunque no me consta que hubiese muchas ayudas externas.

La verdad es que se generó un gran interés entre los alumnos, y la prueba más clara era que por la calle oías a más de uno ir cantando la lección que acababa de aprender:

Do-Re-Do-Re-Mi-Fa-Mi-Fa-Sooool-Mi—
Re-Mi-Re-Mi-Fa-Sol-Fa-Sol-Laaaa-Fa—
Fa-Sol-Fa-Re-Mi—
Sol-La-Sol-Mi-Fa—
Fa-Sol-Fa-Re-Mi-Fa-Mi-Do-Reeee-Sol-…

En casa todos repasábamos la lección para no quedarnos atrás, dentro de una sana competición entre los alumnos. También para evitar que José Portaz nos echase la resplandina, aunque la verdad es que se cargaba de paciencia y no era duro con nosotros.

Lección 37 del Método de Hilarión Eslava
Lección 37 del Método de Hilarión Eslava

Había lecciones fáciles que con unos cuantos repasos todos las íbamos pasando. Sin embargo había algunas que se atrancaban y costaba mucho superarlas. Una de estas últimas era la 37, lección en la que se enseñaban las notas sincopadas, lo que le añadía una musicalidad y ritmo especial a vez que la hacía muy difícil hasta el momento en que controlabas precisamente esos ritmo y musicalidad.

En un año se llegó al final de método, que sólo alguno de los alumnos acabó por completo. Entonces empezaba la parte más divertida, la del instrumento.

El que venía de familia con músicos ya sabía el instrumento que tocaría, porque lo tenía en casa. Era mi caso, que desde siempre había visto y tocado (soplado para ser más exacto) las dos trompetas que había en el «arcón del pito» en las solanas de mi casa. Al arcón se le daba ese nombre porque era donde se había guardado el bajo de mi bisabuelo, el tío Juan Pérez. En cuanto a las trompetas, eran las de mi tío, Antonio Pérez, y mi padre, Pepe «el Nano». Como la de mi padre era muy dura y de peor calidad, me quedé con la de mi tío, una Besson llena de abolladuras pero que sonaba, y sigue sonando, muy bien. Años después mi hermano la llevó a una casa de música en Madrid y la dejaron como nueva.

Con los instrumentos el ritual era parecido al del solfeo. Repetíamos las lecciones del método, ya aprendidas, pero ahora tocándolas con el instrumento. Así fuimos aprendiendo a tocar cada uno el suyo, siempre con la ayuda de José Portaz.

Pronto empezamos a tocar piezas de banda: pasodobles, marchas de procesión, la diana, pasacalles, marchas fúnebres, …

También pronto empezamos a tocar en público aunque, sinceramente, no recuerdo cuándo fue la primera vez.

Los miembros de la Banda de Música de José Portaz

Durante el periodo de solfeo fueron cayendo alumnos que ni siquiera llegaron a tocar un instrumento. Tampoco todos los que empezaron con el instrumento llegaron a tocar. La banda se formó por los siguientes músicos:

  • Director: José Portaz.
  • Saxofones: Teodosio OliverJosé Navío (el de Plácida).
  • Requinto: Manuel Berbel.
  • Clarinetes: Fernando GaleraJosé Navío (el de «la Pequeña») y Juan Antonio García (el de Julio).
  • Bombo: Anselmo Navío («el Canales»).
  • Platillos: José Mesas (el de María Pepa) y Ramón López (el del «Espartero»), de forma sucesiva.
  • Bajo: Juan Padilla.
  • Bombardinos: Paco Fernández (el del «Mangurrino») y Ramón Bermúdez.
  • Trombón: Fernando Navío (el de Plácida).
  • Trompa: Antonio Cañabate (el de Silvestre).
  • Trompeta: Ramón Navío (el del Porche).

En algunas ocasiones nos acompañaban algunos de los músicos «viejos»:

  • Saxofón: José Azor («el Negrito») y José Galera (el de Paula).
  • Trombón: Juan Rueda (Juan de Pepa).
  • Bombardino: Manuel Acosta (el de Consolación).
  • Redoblante: Miguel (yerno de Juan «Canales), cuando coincidía que tocábamos y venía de vacaciones.
La Banda de Música de José Portaz tras participar en los Moros y Cristianos
La Banda de Música de José Portaz tras participar en los Moros y Cristianos

En alguna ocasión nos dirigió Manuel Acosta y José Portaz tocaba la tropeta.

Participábamos en distintos actos, sobre todo religiosos y muy relacionados con las fiestas patronales:

  • Procesiones de San Sebastián, Santa Inés, la Virgen del Rosario y Semana Santa.
  • Dianas en San Sebastián y Santa Inés.
  • Los Negros el día de Santa Inés.
  • Los Moros y Cristianos (en una sola ocasión que puede versen en esta foto, ya que durante aquella época no se representaban).
  • Pasacalles en algunas de las fiestas del pueblo.
  • Al menos una vez, dimos un concierto en la Plaza del Santo.
  • Tocábamos Villancicos en la Iglesia.
  • En algún entierro de familiares de los músicos.
  • Al amanecer, la Aurora el 15 de agosto, la Asunción, y el 7 de octubre, la Virgen del Rosario.

El repertorio no era muy amplio. Las piezas que más tocábamos y que ahora recuerdo eran:

  • Pasodobles: Mi cariño, Pepito Flores, Aragón, Amparito Roca, …
  • Marchas de procesión: Rosa Evangélica, Triunfal, …
  • Marchas fúnebres: Paz eterna, Marcha fúnebre de Chopin, …
  • Pasacalles: Susita, …
  • La diana de San Sebastián (Mañanas alegres) y la Aurora.
  • Otras piezas: La Perrita Pequinesa, La Gallina Papanatas, el Himno Nacional, Bajo la doble águila,…

Hubo algunas piezas que intentamos aprender pero, por distintos motivos, no lo conseguimos. Fue el caso del pasodoble Pepita Creus, quizá demasiado difícil para nosotros, y de una marcha de procesión (no recuerdo el nombre) que se le atravesó a Padilla hasta el punto de que acabamos por abandonarla ya que el bajo tenía un papel fundamental.

Resulta paradójico que la única vez que cobramos por tocar fue una vez que estuvimos durante dos días en las fiestas de verano de Lúcar. Nadie nos dijo que cobraríamos algo y, sin embargo, fuimos cargados de ilusión e intentando hacerlo lo mejor posible. Nuestros vecinos luqueros nos trataron realmente bien y la sorpresa llegó unos días después cuando José Portaz nos llamó a su casa para repartirnos la paga. Como se había hecho en otras épocas, creo que él se quedaba la mitad y el resto era para los músicos que tocamos a unas 1.000 pesetas por cabeza. Por contra, en todos los años que participamos en los actos de Somontín, sólo nos pagaban la «convidá» de después de la Procesión, en general por el Hermandad de San Sebastián (no tengo claro que en todas se hiciese) y en varias ocasiones el Ayuntamiento pagó el coste de la farra que se hacía días después de la fiesta. En este sentido, no por la parte económica, ya que ninguno de los que allí tocábamos lo hacíamos pensando en recibir dinero a cambio, sí que echo en falta en la distancia del tiempo que hubiese habido un apoyo explícito por parte de los distintos ayuntamientos, aunque sólo fuese como reconocimiento a la labor que hacíamos.

La Banda de Música, dirigida en esta ocasión por Manuel Acosta

Lo que sí recibíamos era el reconocimiento de la gente a la que le tocábamos la diana el día de San Sebastián o Santa Inés. Íbamos casa por casa de los músicos de la banda, de los músicos viejos y de bastante más gente. Empezábamos temprano, aún de noche, y acabábamos a la hora de la misa (medio día), ya que había que tocar durante la misa y en la procesión.

Chorizo y mantecados se acompañaban de vino del país o chimichurre. En algunas casas, para variar, se pasaba al anís o al brandi Terry. Esto no sería destacable si no fuese porque la edad de los músicos iba de 12 a 15 años, en su mayoría. Sólo unos pocos superaban los 18. En alguna ocasión no todos llegamos a la procesión. Ahora alguien acabaría en la cárcel.

Algunos de los músicos abandonaron pronto la banda por motivos que no recuerdo, como Manuel Berbel o Antonio Cañabate. Otros, la mayoría, por estudios o trabajo, fuimos dejando el pueblo impidiendo los ensayos continuados lo que hizo que la Banda se acabase disolviendo pronto. No estoy seguro, pero creo en las Relaciones de Moros y Cristianos de 1985 fue nuestra última actuación.

Esta era la Banda que formó José Portaz. No éramos una gran banda de música ni teníamos un repertorio muy amplio, pero nos lo pasamos bien y, sinceramente, creo que hicimos un papel muy digno durante los años que tocamos por las calles de Somontín. Hoy, 36 años después, aún se mantiene una pequeña muestra de esa banda, la cual no ha dejado de tocar la Aurora en todos estos años. También se mantiene la tradición y somos nosotros los que nos pagamos el café con leche cuando acabamos.


Anexo de Teo Oliver

Veo que seguimos ayudando a matener vivo el recuerdo de la grandeza de Somontín. Felicito a los escribanos del reportaje sobre las bandas de música de Somontín en el siglo XX, en el que humildemente yo estoy presente.

Recuerdo aquellas maravillosas tardes en las que un grupo de chiquillos, y algún que otro mozuelo, aprendiamos los rudimentos de la «solfa» con mi tío José Portaz. Utilizábamos el método de Hilarión Eslava, y a duras penas fuimos llegando a la temida lección 58 que ocupaba la última página de aquel método. Todos deseabamos terminarlo porque eso significaba que inmediatamente accederíamos a la tan deseada Banda.

Yo, por entonces tenía 10 años recién cumplidos, y se decidió, siguiendo el consejo de mi tío José, que yo debía tocar el saxofón. Mi tío Luis (Luis «nena»), que vivía en Madrid, contactó con Juan «Cates», (al que nombra Gervasio en su artículo) para ver si podía venderle alguno de sus viejos saxofones. Al poco tiempo recibimos en mi casa al que forma parte de uno de mis tesoros, un viejo saxofón Selmer, Mark V, que sonaba estupendamente, y con el que hicimos nuestros pinitos en la banda.

Recuerdo las tardes de Academia (como decía mi abuelo Juan Florentino), en las que pasábamos las horas haciendo embocadura, y perfeccionando aquellas «piezas» que terminaban sonando muy bien. Recuerdo nítidamente que la primera en la que yo participé era una marcha que se llamaba «Bajo la Doble Águila», una marcha americana que luego escuché en alguna película de guerra, o de basebol.

No voy a añadir más títulos, porque ya Ramón nos ha ilustrado profusamente, pero sí quisiera para terminar contar que también hicimos nuestras «galas» fuera del pueblo, porque un año (no recuerdo si fue en el 81 u 82) fuimos a tocar a las fiestas de Lúcar, en el verano, amenizando la romería desde Lúcar a Cela, ida y vuelta. Íbamos en el camión de Gallardo, en el remolque, por supuesto, y nos lo pasamos de maravilla. Luego nos convidamos en el Bar del Roscos ¿?, y por la noche estuvimos un ratito en el baile.

Luego, los estudios, la mili, el trabajo, fue haciendo erosiosionarse aquella maravillosa Banda, que un día de los años setenta quiso rescatar mi tío José Portaz, con gran acierto, pues los que tuvimos la suerte de participar en ella siempre guardaremos un grato recuerdo de la Banda y de él.

Podría contar decenas de anécdotas de la banda, pero me gustaría que hubiera más gente que participara.

Un abrazo, y nos vemos en la Aurora del 15 de agosto.