Los Santos

Sin saber muy bien por qué, costumbres propias de otras culturas llegan a nuestros pueblos y acaban suplantando a las nuestras.

No estoy seguro, porque hace muchos años que no estoy en los primeros días de noviembre en Somontín, pero con bastante probabilidad, la noche de Halloween con sus disfraces tétricos es mucho más conocida para los niños y jóvenes somontineros que lo que hacían sus padres esa misma noche no hace demasiado tiempo.

El domingo antes del día de Todos los Santos, 1 de noviembre, el grupo de niños que habitualmente hacíamos de monaguillos en misa, que éramos casi todos los que había en el pueblo entre 6 y 15 años, salíamos de casa en casa pidiendo dinero y repartiendo agua bendita con la consigna de la Santa Paz (nunca llegué a saber exactamente de qué se trataba).

No daba la colecta para invertir en bolsa, pero sí para que don Luís Mesas comprase unos kilos de castañas, unas tabletas de chocolate de hacer, algún boniato o simplemente unos bollos de pan de aceite, con lo que cenábamos la noche del 31 de octubre y nos llenábamos los bolsillos para llevar a casa.

Esa noche era especial. La pasábamos en la iglesia, entre la sacristía y el campanario, tocando a muerto. Sí, tocábamos las campanas con el ting-tiang que acompaña a las misas de difunto o avisa de la muerte de alguno de nuestros paisanos. Pero de noche y durante horas. En mi época, hace unos 35 años, a eso de las 12 de la noche parábamos y nos volvíamos a casa, sin embargo me cuenta mi padre que en la suya estaban toda la noche tocando.

Para los que estábamos allí era una fiesta, que casi siempre acababa en película de terror cuando, a los más grandes, se les ocurría empezar a contar historias de miedo.

En aquel tiempo y con nuestra edad no estábamos acostumbrados a ver cine de terror; alguna película a lo sumo, de serie B en blanco y negro, cuando no tenía rombos. Sin embargo, la imaginación no necesitaba demasiados motivos para que una historia fuese realmente escalofriante en aquel ambiente.

Sólo hace falta ponerse en el lugar de una docena de críos dentro de la iglesia, de noche, con el sonido de las campanas de muerto de fondo y alguien explicando una historia que había escuchado contar a sus abuelos, mientras el gracioso de turno apagaba la luz.

Ahora, por mucho menos llevamos a nuestros hijos al psicólogo.

Emilio Jiménez Pérez, obispo somontinero

En la sección de Historia de Somontín hemos publicado un extenso artículo sobre Emilio Jiménez Pérez, que nació en Somontín y llegó a ser ordenado obispo en 1918.

Ejerció su ministerio como Obispo Administrador Apostólico de Barbastro.

En el Barrio Alto de Somontín el ayuntamiento acaba de darle su nombre a una de las calles del pueblo.

Somontín: Tierra de señorío.

En la sección de Historia de Somontín, hemos publicado un artículo con el título de esta noticia, Somontín: Tierra de señorío.

En él hemos elaborado la lista de quienes fueron Señores de la Villa de Somontín desde 1492 hasta 1838, final de estos privilegios.

Fueron 19 en total quienes ostentaron el título de Señor o Señora de la Villa, siempre junto a la de Fines y, durante prácticamente todo este tiempo, formando parte del Mayorazgo de los Rotulo, que instituyó el matrimonio Rotulo Carrillo a mediados del siglo XVI. Somontín, Fines y las casas solares que esta familia poseía en la Villa de Almagro fueron el centro de dicho Mayorazgo que fue transmitiéndose de generación en generación durante más de tres siglos.

Pregón de las fiestas y presentación del libro "Minas de Somontín"

El pasado 15 de agosto, marcando el inicio de las fiestas de verano, se realizó un doble acto en el Balcón del Almanzora.

Por un lado Lola Sánchez Yélamo, en la imágen junto a Ramón Rueda, alcalde de Somontín, nos regaló un emotivo pregón de fiestas que nos hizo viajar a través de sus recuerdos de infancia y juventud y nos mostró la importante marca que aquellos veranos en Somontín han dejado en su quehacer actual.

Por otro lado se presentó un libro que recoge una etapa fundamental en la historia reciente de Somontín. Escrito por Antonio Oliver Lorente, “el Cañete”, y con el título Minas de Somontín nos muestra un exhaustivo trabajo de investigación completado con los recuerdos propios del autor, último minero activo en la Sierra de Somontín, que es de lectura obligada, no sólo para los somontineros sino para todos los interesados en la historia minera de nuestro país.

El libro lo ha editado el Instituto de Estudios Almerienses y puede adquirirse en el ayuntamiento de Somontína un precio testimonial de 3 € que está destinado a colaborar en el pago del monumento al minero emplazado en la Plaza del Santo.

Felicidades a Lola y a Antonio por su trabajo y amor a Somontín.

 

Álbum de fotos activo

Continuamos teniendo problemas con la integración del álbum de fotos dentro de la web, como teníamos hasta ahora.

Mientras tanto, para poder seguir viendo las fotos sólo tenéis que ir a la opción "Álbum de fotos" del Menú principal o pinchar aquí.

Nos ha llegado un buen paquete de fotos que, de momento no podemos colgar, pero que en cuanto sea posible las pondremos para que todos podáis verlas. No sé quien es el autor.

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