San Sebastián, Patrón de Somontín.

Las fiestas de San Sebastián comienzan para muchos, varios meses antes de enero cuando se reservan algunos días de sus vacaciones para acudir, puntual e infaliblemente, a las fiestas del Patrón de Somontín.

Como parte de la fiesta, varios días antes comienza la Novena en honor a San Sebastián. Durante muchos años se rezaba la novena de San Roque, santo abogado de la peste, igual que San Sebastián en muchos lugares. Desde hace unos años, la Hermandad de San Sebastián ha conseguido encontrar una novena directamente dedicada a su patrón.

Llegada la víspera, el día 19 de enero a última hora de la tarde, se inician oficialmente las fiestas con el Visperón. La Hermandad de San Sebastián reparte vino del país con cacahuetes y garbanzos torrados entre todos aquellos que se acercan al punto de encuentro marcado por la organización. Antes era un buen momento, para hartarse de beber vino gratis, cuando los recursos escaseaban. Ahora es más un momento de encuentro entre paisanos amigos.

Unas horas después, poco antes de la media noche, previo toque de las campanas de la Iglesia, en la Plaza del Mercado comienzan las carretillas. El que entra allí sabe que puede quemarse y es bajo su absoluta responsabilidad. Cientos, miles de carretillas arden sueltas, chocando en las paredes blancas. Detrás de algunas de las ventanas, debidamente protegidas para no quemarse, algunos vecinos y amigos observan el espectáculo. A veces parece hacerse de día cuando coinciden varias docenas de carretillas ardiendo simultáneamente.

Las fachadas marcadas con fogonazos y palillas de vainas vacías que hay que recoger son los únicos testimonios de que durante la noche pasada hubo en esta plaza una batalla campal contra un enemigo invisible.

En ocasiones, alguno de los asistentes ha recordado la fiesta durante los meses que le ha durado la recuperación de los quemados. Afortunadamente las consecuencias suelen ser escasas.

Antes, mientras se tiraban las carretillas se ponía a disposición de los carretilleros o de quienes se atreviesen a permanecer allí, varias arrobas de vino que formaban la Fuente del Vino. Era un buen remedio contra el frío de enero y el miedo al fuego de las carretillas.

Al alba del día 20, día de San Sebastián, comienzan a sonar por las calles del pueblo las trompetas y los tambores. Hasta que no haces la mili no te das cuenta realmente de que se trata de una sintonía prestada. De todas formas, la diana, perdurará en la memoria de los que la han oído desde la cama en la mañana de San Sebastián, como una emocionante melodía. La banda visita las casas de autoridades, amigos y músicos, sin importarle la hora de despertarlos, sabiendo que siempre se abrirá la puerta.

A medio día llega la Santa Misa en honor al Patrón, con sus dianas dentro de la Iglesia, que retumba desde sus cimientos. La procesión, cuando llega a la Plaza del Santo, se detiene, sin prisa, para que todos los mayordomos de la Hermandad de San Sebastián, los actuales y los nuevos para el año siguiente, paseen la Rosca delante del Santo. Acompañados de una pareja de tamborileros rinden culto a su Patrón con una ofreciéndole de forma figurada una rosca de pan. Durante la procesión se han ido tirando roscos de pan desde algunas casas. Esta tradición, ahora anecdótica, era una forma de compartir el pan entre los que menos tenían en un día de fiesta tan señalado.

Ahora hay decenas, quizá cientos, de mayordomos. Antes, sólo cuatro personas eran mayordomos cada año, los cuales sufragaban de su bolsillo los costes de la fiesta, tanto del Visperón como de la Fuente del Vino. Cada año se nombraban con el grito de "mayordomo nuevo para el año que viene", a las dos personas que entraban a formar parte de la Hermandad. En esas condiciones, pocos voluntarios podía haber para estos cargos.

Por la tarde del día 20, comienzan las Relaciones de Moros y Cristianos, una representación en la que se mezcla el auto de fe con el teatro histórico y con la imaginación del autor que engloba diferentes lugares de la comarca dentro de la historia. Unas relaciones divididas en tres actos, uno por la tarde del día 20, otro durante la procesión del día 21, en la que se roba la imagen del Patrón, y una tercera en la que se cierra el acto con la batalla y la rendición del Rey Moro. Gervasio "el Civil" hace 50 años y Antonio Azor en la actualidad dirigen esta obra en la que actúa gran parte del pueblo.

Se repite durante el día 21, día de Santa Inés, la diana, la Misa y la Procesión, sin la Rosca. Por la tarde se adelanta el carnaval y se celebran Los Negros. Disfraces para todos los gustos, unos con más arte que otros, desfilan al son de los tambores por las calles del pueblo.

Tanto el 20 como el 21 hay baile por la noche. Antes el frío atería los dedos de los músicos, y los pies de los bailarines. Ahora, una carpa o el Juego de Pelota, resguarda del duro frío de enero.