Siglo X: "Crónica del Califa Abdarrahman III An-Nansir entre los años 912 y 942 (al-Muqtabis V)" de Ibn Hayyan de Córdoba

 

Una de las principales obras que relatan el periodo de Abdarrahman III son las crónicas de Ibn Hayyan de Córdoba. Son fuentes árabes en las que se han basado muchos de los libros de historia que hay en la actualidad, entre ellos los mencionados de Simonet y Dozi en el apartado que trata sobre las guerras de los muladíes.

Los textos siguientes corresponden a la traducción, notas e indices por Mª Jesús Viguera y Federico Corriente de la "Crónica del Califa Abdarrahman III An-Nansir entre los años 912 y 942 (al-Muqtabis V)" de Ibn Hayyan de Córdoba.

En los índices toponímicos de esta traducción se hace referencia a Somontín como el pueblo de la provincia de Almería, atribuyendo a Simonet su ubicación.

 

Las primeras campañas de an-Nasir

En este año tuvo lugar la campaña de Monteleón, primera de an-Nasir y presagio de su fortuna, para la que se había preparado desde primeros de rayah de este año ( l1 febrero 913), enviando mensajes a los gobernadores de las coras y regiones que se mantenían en su obediencia, para que se movilizaran y aprestaran a partir con él. El primero que le respondió, corroborando su obediencia, fue el yund damasceno, o sea, los de la cora de Elvira, que se apresuraron a venir a palacio y ponerse al servicio del califa, dejando por él sus fortalezas y baluartes inexpugnables sin pedir amán ni tomar garantía. La causa de su sumisión fue la intervención de su cadí, Muhammad b. 'Abd al-Jaliq al-Gassani, en este asunto y sus admoniciones y consejos, pues era escuchado entre ellos y no se le llevaba la contraria: él vino en persona con ellos a la puerta del sultán, el cual los colmó de agasajos y les reconoció la prioridad, concediéndoles el gobierno de las fortalezas que tenían, tras asegurarse de que se mantendrían en la obediencia, y designando entre ellos a Musa b. Taryuman y a Mujariq b. Yahya como jefes de los dos yund, lo que fue la primera designación en su reinado; la designación como cadí de ellos de Mubammad b. ‘Abdaljaliq fue a mediados de rabi II del mismo año (29 noviembre 912), siendo también el primer cadí que nombró. Al cabo de algún tiempo, estuvieron listos los preparativos de esta expedición, para la que partió el califa an-Nasir el sábado 7 de ramadán del año en curso, 17 de abril del calendario solar (año 913). Sobre esto dijo Ahmad b.Muhammad b. 'Abd Rabbihi:

Partiste, siendo tus ejércitos la ayuda y el apoyo divinos,
con la gloria de cabecera y el poder por cauda,
extendiéndose por los horizontes la misericordia divina
y mostrando la tierra faustos presagios a tu aparición.
pues se puso las túnicas adornadas de sus flores
como imitándote su adorno en belleza.
Saliste al camino entre generosidad y fuerza,
ésta en tu diestra, aquélla en la siniestra:
aunque opuestas, reunidas en tus manos,
pues ni sin ellas valdría nada la vida, ni sin ti,
marcharía ante ti el auxilio divino apresurado,
quebrando victorioso a quien se te opone en la tierra,
mientras la gente invoca, las esperanzar ansían,
la obediencia te anhele y la rebeldía te teme.
El plenilunio de tu diestra no se sujeta a órbita,
pues no verás que tal hagan plenilunios de la tierra:
guía contra los enemigos un ejército atronador
y enorme que machaca las colinas:
¡Misericordia y gracia de Dios para el mundo!
Goce el mundo de tu misericordia y gracia.

An-Nasir acampó en la explanada de Sa‘id b. Hudayl, en la fortaleza de Monteleón el domingo, a mediados de ramadán del año en curso (25 abril 913), atacándola en la mañana del lunes siguiente, tras rodearla por todas partes y escalar los hombres el monte Yarisa que la domina, tras desalojar a los que lo ocupaban los del sultán. El combate por la fortaleza se encarnizó el siguiente martes, generalizándose el incendio de sus arrabales y penetrándose en su interior, de manera que mucha de su gente fue muerta a sus puertas: a punto de perecer, Sa‘id b. Hudayl se rindió, buscando refugio en el amán, bajando a entregar la fortaleza al sultán. Fue su conquista el martes, quedando trece noches de ramadán (27 abril 913), y el sultán se la dio en gobierno a Muhammad b. 'Abdalwahhab, según acta extendida en el mismo campamento.

El ejército fue luego a la fortaleza de Somontín, donde 'Ubayd Allah b. Umayya b./as-Saliya estaba ya espantado de lo sucedido a Ibn Hudayl, por lo que se entregó en manos de an-Nasir sin combate ni oposición, refugiándose en el amán y cediendo todas sus fortalezas y baluartes en Somontín, que eran cerca del centenar, castillos algunos famosos por su inexpugnabilidad, el gobierno de todos los cuales dio an-Nasir a Yahya b. al-Layt.

De allí fue a las fortalezas de los Banu Hábil, que les hizo abandonar una a una, y luego, a las fortalezas que tenía el malvado 'Umar b. Hafsún en la cora de Jaén, conquistando Bacor, donde hizo rendirse a su caíd, Ibn 'Arus, Castro, donde hizo rendirse a Dahhún b. Hisam, Sirra, donde hizo rendirse a Ibn 'Abdala‘la y Uqliq donde estaba Fahlun.

Luego fue contra las fortalezas que tenía el perverso ‘Umar b. Hafsun en la cora de Elvira, tras acabar con la de Jaén, y no dejó allí quien se le opusiera, aunque aquellas fortalezas agregadas a los dominios de Umar b. Hafsún se habían negado a rendirse al sultán, cuando la gente de la cora se había apresurado a hacerlo, entrando en sus filas. Las sitió una por una, pero se le resistió la de Juviles por su lejanía y la dificultad de alcanzarla con catapultas; como allí estaban algunos cristianos del perverso 'Umar, valerosos y enérgicos, resistieron bien, pero an-Nasir, empeñado en combatirlos, hizo construir una base, donde emplazó la catapulta, alcanzándoles con sus piedras, y les cortó el agua y apretó el cerco hasta vencerlos, siendo tomada la fortaleza al asalto y muertos cuantos partidarios del rebelde 'Umar allí había, lo que le hizo mella, cayendo con ésta todas las fortalezas de Ferreira y alrededores. El maldito Ya'far, hijo preferido y heredero de su perverso padre, que estaba en Salobreña, asustado con estos triunfos sucesivos, huyó de allí de noche, uniéndose con su padre en su capital de Bobastro.

An-Násir fue luego a la fortaleza de Esteban, que domina la capital de Elvira, al tiempo ya de regresar, pues la tranquilidad se había consolidado, a pesar de lo cual la sitió unos días, mientras se ocupaba del gobierno de las fortalezas conquistadas en las dos coras de Damasco y Qinnasrin [o sea, Elvira y Jaén], guarneciendo sus baluartes y recorriendo sus aledaños que visitaba repetidamente, hasta que todo aquello quedó seguro, como él quería.

Las conquistas suyas en ambas coras en esta campaña alcanzaron las setenta fortalezas principales, renombradas y famosas, refugio de disidentes y rebeldes, por las que se riñeron grandes batallas, a cuyo número hay que sumar sus alcazabas, atalayas y fortificaciones menores, hasta cerca de 300 fortificaciones y torres, pues de éstas, sólo 'Ubayd Allah b. Umayya b. as-Sáliya tenía más de cien. Nunca anteriormente se había oído que ningún rey del mundo hiciera tales conquistas en una sola campaña, según contó y señaló aproximadamente el gran poeta Ahmad b. Muhammad b. 'Abd Rabhihi en unos versos suyos, cuando dice:

En una sola campaña te apoderaste de doscientas fortalezas
Llenas todas de petulantes rebeldes:
Ni Salomón tal hiciera,
Ni el constructor de la muralla de Gog y Magog.

Dijo también en otro poema:

En medio mes dejaste a la tierra tranquila,
Tras habérsele agitado incluso el lomo:
Cuando vieron cenirse sobre ellos el halcón,
Tornáronse milanos, y hasta francolines.

An-Nasir regresó de esta expedición, entrando en palacio el día de la Pascua Grande de este año (18 julio 913), a los tres meses y tres días de su partida.

La nómina de los rebeldes desalojados en esto campaña es: Sa'id b. Hudayl, que residía en la fortaleza de Monteleón, entre las otras citadas que le estaban agregadas, ‘Ubayd Allah b. Umayya b. as-Saliya, que residía en la fortaleza de Somontín, y era quien tenía más fortalezas que llegaban hasta tierras de la cora de Elvira, los Banu Habil, Mundir, Hábil, Amir y U'mar, hijos de Hurayz b. Hábil, de los cuales, Mundir fue desalojado de la fortaleza de Bagtawira, Habil de la de San Esteban, y 'Amir de la de San Justo, teniendo cada una de estas fortalezas principales fortificaciones accesorias; Dahhün, desalojado de la fortaleza de Castro, que domina la capital de Jaén, ‘Ahdal'azíz b. 'Abdala'là, de la de Sirra, Fahlun b. 'Abdallah, de la de Santillana, Aflah b. 'Arús, de la de Bacor, en Elvira, aliado de Ibn Hafsun, así como

Muhammad b. Farwa, que fue desalojado de la fortaleza de Ubeda en Elvira.

 

Conquista de las fortalezas de Juviles y Alpujarras

En este año fue conquistada al asalto la fortaleza de Juviles, y muertos en ella 55 hombres, aliados de ‘Umar b. Hafsun, entre ellos campeones distinguidos como el llamado Rubiel y Hilál at-Tanyi.

También fue tomada al asalto la fortaleza de Fiñana tras once días de combate, pues sus moradores obtuvieron el amán a cambio de entregar a los aliados de 'Umar b. Hafsun al sultán, que los hizo morir, habiendo entre ellos caídes de aquél y personas notables, como Maslama b. Ru'ba, Jalid, conocido por Abu Sulayman, Munira y otros. De éstos, An-Nasir entregó a Maslama a Muhammad b. Adha, con el cual rescató a sus dos hijos, rehenes del perverso 'Umar b. Hafsun, con los que se había librado cuando cayó en su cautiverio.

También fueron conquistadas todas las fortalezas de las Alpujarras, que estaban anexionadas a Ibn Hafsun, pero que hizo volver an-Nasir en esta campaña a la obediencia, con claras señales del beneplácito divino, al tener éxito cuando hizo en ella, guerra o paz. (Se cuenta que) un mentecato de aquellas altivas fortalezas se asomó reprendiéndolo despectivamente diciendo: "Dadle, dadle al hijo de su madre en el rostro", a lo cual replicó un acemilero que estaba cerca en la formación: "Pardiez que no ha de partir sin la cabeza de Ibn Hafsun en su poder", al oír esto, dijo el califa: "El que ha dicho esto sea elevado a más noble misión, inscribiéndosele con los caballeros y dándosele montura y tal suma de dinero", y así se hizo en el acto, con lo que pasó a ser uno de sus hombres distinguidos, peregrina anécdota de su solicitud, que la gente hizo circular.

Sobre esta feliz campaña dice Ismail b. Badr en una poesía suya:

Enarbolados fueron pendones de victoria en que
vimos cómo será la resurrección de la humanidad:
los lleva un ejército que, cuando se mueve,
aunque la tierra le sea huraña en hondonadas y asperezas,
hace ameno el desierto que estaba abandonado
y desierto por su causa a lo poblado y ameno.

Es un largo poema.

 

Versión de 'Arib de la campaña de Jaén

Dice ‘Arib b. Said: an-Nasir hizo su salida del palacio de Córdoba el jueves 13 de sa'ban del año 300 (24 marzo 913) y partió en dirección a la cora de Jaén el sábado, 7 de ramadán (17 abril 913), 23 días después del alarde, dejando al cargo del palacio al visir y zalmedina Musa b. Muhammad b. Hudayr, junto a Abdarrahman, hijo del chambelán Badr, que partió con él con numerosas tropas y cumplidos pertrechos. Antes de su partida se había acogido a él Muhammad b. Farwa, señor de Úbeda, con todos sus caballeros, a los que recibió y acomodó de la mejor manera posible, integrándose con sus hombres y llevándoselo a él con el ejército, con lo cual se dirigió a su objetivo. Al acampar en la fortaleza de Martos, de la circunscripción de Jaén, tuvo noticias de la llegada del malvado Umar b. Hafsún a lo ciudad de Málaga, alcazaba de la cora de Riyya, a hostigar a su población, codiciando aprovecharse de su desamparo: aquella misma noche envió a socorrerles a Sa'id b. Abdalwarit con parte del ejército, ordenándola marchar velozmente y abreviar jornadas hasta entrar en Málaga y asegurarla, cortando Ios designios de Ibn Hafsun sobre el particular. Llegado aquél a ella, la aseguró y protegió la zona contra Ibn Hafsun.

An-Nasir, por su parte, marchó contra la fortaleza de Monteleón, acampando junto a ella el domingo, a mediados de ramad,an del año (25 abril 913), y combatiendo a su señor, Sa'id b. Hudayl, hasta conquistarla el martes, quedando 13 noches del mes (27 abril 913). Desalojándolo de ella, le concedió un amplio amán y lo trató con largueza, y encargó el gobierno de aquélla a Muhammad b. 'Abdalwahhab. Luego se dirigió a la fortaleza de Somontín, cuyo señor, 'Ubayd Allah b. Umayya b. as-Sáliya le pidió el amán, imitado por Ishaq b. Ibrahim, señor de Mentesa, por 'Ukasa b. Muhsan, señor del valle del Guadodalla, Maslama b. 'Abdallah, señor de Bayila, Mundir b. Hurayz, señor de Bagtawira, Aflah b. 'Arus, señor de Bacor y Fahlun b. 'Abdallah, señor de Santillana: todos ellos le rindieron sus fortalezas, sometiéndose a su obediencia y entregándose a discreción, y a todos perdonó ampliamente e hizo objeto de su favor, haciéndoles salir de la zona y mandando por delante a sus mujeres, hijos y enseres a Córdoba, de modo que acabaron siendo modelo entre sus hombres, y en sus fortalezas y baluartes hizo caídes a hombres de su confianza. Luego rindió a ‘Abdal'aziz b. 'Abdala'la de la fortaleza de Sirra, y a Dahhun b. Hisam de la de Castro, consolidándose la obediencia en la cora de Jaén y reinando la seguridad.

 

Campaña en la cora de Elvira

Luego se dirigió a la cora de Elvira y, tan pronto la ocupó, la gente de las fortalezas de Baza, Tíjola, Murbit, al-Barayila, y los Cenetes se apresuraron a rendirse, acogiéndose a la obediencia y evacuando sus fortalezas: él los acogió según esperaban, controlando la zona y guarneciendo sus fortalezas con personas de confianza de la mejor manera, según su excelente táctica.

Trasladóse An-Nasir luego a las fortalezas de Guadix, que evacuaron sus señores por su temor, acampando frente a la de Fiñana el viernes, 4 de sawwal (14 mayo 913); en ella estaban algunos de la banda del rebelde ‘Umar b. Hafsun, los cuales disuadieron y engañaron a su gente, de manera que se negaron a rendirse con la esperanza de librarse por la inexpugnabilidad de su fortaleza y gran valor, pero los ejércitos los rodearon e incendiaron su arrabal, con lo cual se volvieron atrás sumisos y rogaron se les aceptara el arrepentimiento con tal de entregar a los de la banda del rebelde de Ibn Hafsun que tenían: concedido esto, los entregaron, y fueron apresados.

An-Nasir se puso en marcha enseguida dirigiéndose a los baluartes de la región de ásperas montañas de Ba--ira, penetrando con sus ejércitos en Sierra Nevada en la época en que es intransitable. Se lanzó con la gente y Dios le facilitó las cosas, haciéndolo llegar adonde quería, de modo que conquistó las fortalezas de detrás y asoló la comarca, no quedando en ella lugar que resistiera.

Allí supo que el rebelde Ihn Hafsun se había acercado con todo su ejército a la capital de Elvira, codiciando aprovechar la....