Rebeldes

Otro de los episodios que mencionaré, con relación a la guerra, por su curiosidad y que tiene relación con nuestra sierra de las Estancias y Filabres, es que por aquellos 3 años que duró la guerra, a Somontín y a toda la provincia de Almería, le tocó estar todo el tiempo en zona roja o republicana, con lo que además de haber sido esquilmados  en nombre del “Comité” pertinente, sus habitantes se vieron voluntaria o involuntariamente obligados a alistarse, si querías como si no, al ejército rojo, la otra alternativa era esconderse y pasarse los días escondidos en cuevas y madrigueras humanas para no ser enviado al frente, lo que repercutió a las familias que se vieron presionadas, apresadas y coaccionadas para que delatasen a sus familiares o conocidos escondidos.

Como dato curioso, mencionaré que Juan Panzón era el Comisario Político o Sargento de Tapas, encargado del reclutamiento de los mozos de la zona y en una partida envió primero a Almería y de allí a Madrid a hacer la instrucción y luego al frente de Extremadura a Pepe “El Calixto”, Alberto Reyes, Juan María, José García y “El Urraqueño”, acabaron la instrucción, los armaron y los mandaron al frente, no llegaron ni a desenfundar las armas, a los 4 días de estar en el frente, desertaron y se vinieron al pueblo, andando por las sierras que hay desde Extremadura a Somontín, estuvieron 15 días andando de noche, ya que de día se tenían que esconder; comían lo que pillaban por el camino, a veces arriesgándose a ser descubiertos, Alberto Reyes contaba que en un cortijo que entraron a buscar comida les salieron unos perros y fue tal el susto, que salieron a la carrera y contaba que tenía tal pánico, que saltaba los olivos como si fueran tomillos.

Otra escapada posterior del mismo frente, fue la protagonizada por Manuel Navío “El Nano” y Antonio “El Fernández” su compañero de huida, (casado con María Pallares hija de Pepe y María Mesas), también atravesaron desde Extremadura a Somontín en las mismas condiciones que los anteriores, guiándose por la Estrella Polar, al llegar a Somontín se escondieron cerca del cortijo “Los Fogueras” en la Rambla, que tenía el “Tío Nano” y por las noches su madre u otro familiar, que sabía dónde estaban escondidos, les acercaba algo de comer, así hasta que acabó la guerra.

Había otro tipo de escondidos, eran los falangistas, estos se hicieron fuertes en la sierra, haciéndose respetar, ya que estaban bien armados y eran gente muy decidida, durante los 3 años que duró la guerra los milicianos, encabezados por los hermanos Francisco y Juan Fernández Rodríguez con el apodo de los “Manchegos” ambos, eran de Serón, el primero era el Secretario Comarcal de la CNT durante la guerra, fue fusilado en Almería el 25-4-44, el segundo era vice-alcalde de Serón y Presidente del Comité Revolucionario durante el año 1936-1937, también fue fusilado en Almería el 10-7-41, lo que da a entender su grado de implicación en la persecución de todos los que no se mostraron colaboracionistas con sus ideales.

Estos líderes de la CNT y su grupo fueron tras nuestros paisanos que no comulgaban con sus ideas de todas las formas y maneras, presionando a las familias, llevándolas a la cárcel, buscando y comprando delatores, pero no hubo manera de dar con ellos, se movían por el cortijo “El Sache”, “El Arenal”, Barranco del Agua, en un monte muy grande y espeso llamado “Lo Muñoz” y en “La Pinilla”, etc., este grupo estaba formado y capitaneado por Emilio Múñoz, Jefe de la Falange de Purchena, Pepe Alvarez, 2.º Jefe de Falange, Julio Acosta y Pepe “Faustina” de Somontín y cuñado mío, contaban con 2 enlaces en el pueblo, Ramón Jabones y Juan Chambas, que se turnaban en llevarles provisiones y noticias una vez por semana, para no levantar sospechas, siempre iban de noche a contactar con ellos en el sitio que habían quedado con el enlace anterior.

Emilio Muñoz no se fiaba mucho de Juan Chambas y para ponerlo a prueba le entregó una pistola y le ordenó que se desplazara al cortijo los “Berruezos”, a los que acusó de colaboracionistas con los rojos y le ordenó matar al propietario; Juan Chambas se asustó y se echó para atrás, era una prueba para ellos de que no era de fiar y a partir de entonces dejaron de contar con él, y solo se quedaron con la colaboración de Ramón Jabones.

Ramón Jabones en aquellos días vivía en el porche en la casa que hoy en día es de Ramón Clara, y una noche recibió la visita de unos 20 a 25 milicianos que venían en un camión de los pueblos del río Almanzora, encabezados por los hermanos Manchegos y algún delator o colaborador del pueblo, indiscutiblemente venían a por él para que delatara a los escondidos, Ramón Jabones tuvo tiempo de reaccionar, vio lo que se le venía encima antes de acabar de abrir la puerta y salió corriendo escaleras arriba hacia la azotea de su casa, los milicianos la emprendieron a tiros hiriéndole en un brazo, él no se amedrentó, continuó su huida como pudo y a través de los tejados comenzó a  saltar de casa en casa: la del “Tío Cristino”, la de Juan Lucas, la de Juan Antonio, la de Gregorio, la de Don Alberto Acosta, la de Juan Emilia y finalmente llegó a la última: la Casa Curato, bajó a la terraza y desde allí se tiró al huerto del “Tío Foguera”, una altura de unos 15 metros, tuvo suerte en la caída y no le pasó nada más, así herido de bala, pudo proseguir su huida y se dirigió a Urrácal, donde tenía 2 hermanos, allí le curaron y se fue a la sierra a unirse al grupo de amigos escondidos, hasta el final de la guerra.

Otro de los que protagonizó un episodio digno de mencionar fue mi tío y cuñado Gervasio Oliver Oliver “El Rulo”, hermano de mi padre y su mujer Soledad, que aun vive, hermana de mi mujer Rosario “Faustinas”, lo cogieron los rojos, lo alistaron y mandaron a Almería, lo destinaron al frente de Valencia, en el transcurso del viaje de Almería a Valencia al llegar el tren a unos 400 metros de la estación de Purchena y al comenzar frenar para hacer la parada, él saltó del tren y salió corriendo para Somontín, llegó a su casa que estaba en la calle del Medio y como allí no estaba seguro, se bajo a la Rambla al cortijo de nuestro suegro, y en un goterón que estaba bien tapado por una gran frondosidad de matas, además de tener justo delante un gran olivo, que hay encima del Bancal del Cuezo se excavó un poco más de espacio para poder estar más o menos cómodo e ir pasando los días, por las noches mi suegra Soledad le llevaba la comida y él aprovechaba para salir y darse algún que otro paseo, ya que conocía perfectamente la zona, así se pasó más de 2 años, él ya estaba casado y con un hijo.

Un día mi amigo de aquellos tiempos y cuñado a posteriori: Antonio “Faustina”, que había sido reclutado e incorporado a filas republicanas, evidentemente si quererlo, ya que toda su familia era de derechas, fue destinado en el frente de Valencia, en una expedición lo enviaron a Granada en busca de un grupos de reclutas para llevar al frente, consiguió que el jefe de expedición aceptara una propuesta suya y le diera permiso unos días para ver a su familia, al llegar el tren a los Puentes de Hierro de Tíjola, como vivía cerca, se bajó y se vino al cortijo de su padre, quedando para el día que el tren volviera hacia Valencia, para estar en el mismo sitio e incorporarse al grupo de vuelta a Valencia, unos de aquellos días quedamos en verlos y como cosa especial nos fuimos a tirar unos tiros para probar su Mauser, con tan mala fortuna que el olivo que decidimos hacer de centro de diana, era el que hacía de parapente al goterón de mi tío Gervasio, tiramos una veintena de disparos y él pesó que ya lo había encontrado e iban a matarlo, por la noche se lo contó a su suegra y ella le dijo que seguramente habíamos sido nosotros; cuando acabó la guerra nos propuso meternos en el goterón y él hacer lo mismo que habíamos hecho nosotros con él, a lo cual no aceptamos, ya que lo más seguro es que nos hubiera matado o al menos ganas no le faltarían.

Faltando unos pocos meses para el final de la guerra, nos pusieron en cada pueblo un cuartelillo de guardias de asalto, que no dejaban moverse ni a Cristo, pero sus componentes sí que se tiraron a la buena vida como toda aquella gente miliciana que campaba por nuestro municipio y alrededores.

Nosotros teníamos unas cabras que criaban unos chotos y una noche vino un tal “Eduardo”, que era el cabo y se lo llevó todo y si te vi no me acuerdo y a callar para que no te llevaran por delante, que entonces sí que estabas perdido.

En otra ocasión fue Manuel “Pasamontes” Casas, que estaba casado con Dolores Pallares, que se dedicaba a la costura y padecía una deficiencia física, al igual que su marido, y en el pueblo se les sacó una cancioncilla que decía: “Atención señores mano a la estrella, que si cojo está él, cojo está ella”; él antes de la guerra cobraba los consumos de Purchena, como era un poco espabilado se fue al frente y a los cuatro días lo hicieron capitán; el tío era verdaderamente listo, le pidió permiso a su comandante, que era “El Campesino” y le propuso una maniobra para irse con su compañía por la retaguardia y dirigirlos después al frente, el comandante creyó en él y se lo autorizó, “Pasamontes” se tira para atrás, más que otra cosa, huyendo de ir al frente y empieza su estrategia, desde Pinos Puentes, que está a unos pocos kilómetros de Granada, donde estaba establecido el frente, levantó su compañía y vino a aterrizar a Somontín.

Aquí hizo de todo lo malo que se puede hacer, suerte que no mató a nadie, al día siguiente de llegar, como conocía bien el pueblo y lo que él no sabía se lo decía su mujer, que vivía en la casa de Pedro Castellón; metió en la cárcel a medio pueblo, a otros pocos los mandó a una prisión de Almería, que tenía fama de mala y muy dura, le llamaban “Gachas Coloradas”, por citar algunos nombres de los que mandó, diré: el “tío Paco Ventura”, que no tenía ni hijos, el “tío Manuel Navío”, al padre del cura; en fin quince o veinte, o más.

A mi padre Baldomero (mi abuelo), le obligó a meter en su casa para que durmieran allí, doce soldados, uno de ellos se llamaba “Joselito”, que era el sargento, no sabía ni leer ni escribir, era de los más malos, estos creo que deberían ser sus méritos para hacerlo sargento; otro se llamaba el “Jopo” que también hizo de las suyas, entre otras, se llevó a una muchacha que era hermana de Juan Guaracha.

Los soldados que dormían en la casa de mi abuelo, vieron que en la sala de la casa tenía unos sacos de trigo, que eran la renta que le daban sus 4 hijos, cada uno le daba cuatro fanegas y con esto tenía que arreglarse; pues bien, éstos se lo dicen a “Pasamontes” y éste obliga a su cuñado Bermúdez, que era el Jefe de Abastos y estaba casado con Pilar, hermana de Dolores, a que se las decomise o requeise, se las quitó todas, dejándoles en la más absoluta miseria, suerte para mis abuelos que mi padre vivía a su lado y de lo poco que había en nuestra casa, lo primero era para los viejos, cosa muy bien vista por todos nosotros, ya que el tío Gervasio “El Rulo”, estaba escondido y mi tío Baldomero también.

Además de estas dos hermanas Pallares que he citado, su familia estaba compuesta por otros 3 hermanos más: Pepe, casado con María Mesas Acosta (hermana de mi abuela materna), Piedad, casada con el “Pan Bueno”, que un día emigró a la Argentina, dejándola con 2 hijos (Clotilde y Manuel) y no volvió nunca más y por último Antonio? Pallares (no estoy muy seguro de su nombre), pero sobre esta persona me voy a extender un poco más.

Todos los de la familia “Pallares” estaban más o menos, más bien más que menos, en el bando rojo y casi en todo colaboraron con las milicias revolucionarias que visitaban el pueblo y atosigaban a los que no tenían sus mismos ideales, pero la excepción la marcó Antonio, ya que en tiempos de la guerra estaba destinado como sacerdote en Albox, una noche se presentaron unos milicianos y lo detuvieron, a los pocos días se lo llevaron de madrugada con otro 12 detenidos, y en la entrada al pueblo de Albox los bajaron del camión y en lo alto del cerrillo que hay en la carretera general de Albox viniendo de Purchena los acribillaron a balazos, como era muy de noche, los milicianos no se percataron que Antonio no había sido herido, él se hizo el muerto y cuando no escuchó nada, ni ruido ni personas, se levantó, él padecía de una gran falta de vista y al estar desorientado comenzó a caminar sin saber que dirección llevaba, hasta que sin darse cuenta se volvió a encontrar con los que hacía unas horas le habían disparado, inmediatamente se lo volvieron a llevar y lo remataron con un tiro en la cabeza, le quitaron la sotana y la colgaron en un almendro a modo de bandera y allí estuvo hasta que se acabó la guerra. Él es otra de las víctimas de la guerra de nuestro pueblo que no parece ser contabilizado por ningún sitio.

Mejor suerte corrió el párroco de nuestro pueblo en los tiempos de la guerra, que era Don José Jiménez, también nacido en Somontín y que apercibido con antelación de que venían a por él, se escondió hasta que finalizó la guerra y pudo salvar la piel, ya que seguro que se lo hubieran cargado igualmente.

Al mi suegro Gervasio “Faustina”, ya que era de derechas y siempre había estado metido en política, fue uno de los que más amenazas recibió por parte de los republicanos y milicianos, se lo llevaron en varias ocasiones, para presionarle y atemorizarlo, en una ocasión se presentaron a las 3 de la mañana en el cortijo de la Rambla, porque querían que les dijera donde se escondía su hijo Pepe y su grupo, como no colaboró, lo apresaron y se lo llevaron para el pueblo, al llegar al cortijo del “Cojillo”, por encima de la “Cuesta Quinos”, el jefe de los milicianos, que era el “Manchego” de Serón, le dijo: “Tío Gervasio, si quiere se puede marchar, de momento está todo bien, no importa ir al pueblo”, mi suegro se olió algo raro y pensó en cuanto comience andar me acribillan, por lo que se agarró al brazo de Juan “Cachelas”, que era uno de los confidentes que ellos tenían en el pueblo y le contestó: “Vosotros me habéis venido a buscar y yo voy donde me llevéis”, así que como no se movió y en todo momento se mantuvo agarrado al brazo de Juan “Cachelas”, tras la negativa a marcharse continuaron hacia el pueblo y lo tuvieron 3 días en la cárcel, para ver si delataba a su hijo.

Trinidad Padilla, fue otro de los que sufrió el atosigamiento y la persecución de los milicianos, un día lo vieron desde el “Pretil”, ya que estaba escondido en unas paratas que tenía su padre justo debajo del pueblo, se engancharon a tiros con él, suerte que no le hirieron y pudo escapar agazapado por debajo de los ribazos, éstos creían que lo habían herido y fueron para abajo a rematarlo, pero él se había dado a la fuga.

Cuando a finales de 1938 y principios de 1939, los republicanos comienzan a ver que van a perder la guerra, deciden coger para reclutar a todos los muchachos, fueran o no mayores de edad, bastaba con dar un poco la talla y todo el que veían por la calle que les pudiera servir para aguantar un fusil lo reclutaban, juntaban unos cuantos de un pueblo y otros de otro y cuando tenían bastantes, los cargaban como ganado en un camión y los mandaban a su línea de frente republicano, así aguantaron un poco más y abastecieron sus tropas de nuevos soldados.

Por el mes de marzo de 1939, en aquellos días yo estaba a punto de cumplir los 18 años, y como sabía que vendrían a por mí, decidí junto con mi amigo Juan Padilla esconderme también por si acaso, antes de que nos reclutasen, así que nos fuimos al “Rincón” y debajo de una gran higuera que tenía el “Tío Nano” nos pasamos 3 semanas, mi padre sabía dónde estábamos y nos acercó un par de mantas y cada semana no traía algo de comer, hasta que el 1 de abril se declaró el fin de la guerra y volvimos al pueblo.

La algarabía que había en el pueblo era total, todo el mundo estaba contento o asustado, según los ideales que se tenían, pero todos estábamos desconcertados ante el futuro que nos venía.

Los falangistas y gente de derechas salieron a la calle y mostraron su alegría, después de 3 años de opresión y miedo, gritando consignas que los niños repetían por todas las calles del pueblo, lo más popular era: “Viva Cristo Rey! Muera Negrín! La guerra ha terminado!”.

Una de las primeras acciones que hicimos los más jóvenes que nos habíamos escapado de ir a la guerra o al menos ser reclutados, fue la de ir a la “Casa Curato”, en aquellos días se le conocía desde antes de la guerra como “Casa del Pueblo”, lugar donde se reunían tanto los comunistas, como los anarquistas, como los socialistas, y allí ondeó durante todo este tiempo la bandera comunista a la entrada de la casa; Juan Domene, el que posteriormente fue el maestro del pueblo, se encargó de arriar la bandera y entre todos la arrastramos por todas las calles del pueblo, para finalmente pegarle fuego en la plaza “El Santo”.

En Somontín hubo bastantes muertos en un bando y en otro, con motivo de la guerra, de los que no se ha sabido su paradero de casi ninguno, recuerdo con mucho cariño a mi compañero de noches larguísimas de viaje a José Oliver García “El Figurín”, a Antonio Navío Mesas “El Chato Peneque”, Francisco Cañabate Fernández “El Candelas”, a los 2 hermanos “Yélamos” Diego y Juan Yélamo Mesas, que vivían en la calle las Parras y que fui vecino de su familia muchos años, su madre Dolores siempre les llevó luto, Enrique Mora Vicente “El Perdío”, que murió en Marruecos, Antonio Oliver Martínez “El Correo”, murió en el frente de Extremadura, Juan Oliver Brocal “El Chico”, Juan Reche Reche “Rechillo”, Juan Sánchez Cañabate “El Gachas”, Antonio Ramos Castillo “El Lacre”, casi todos estos murieron en el frente, la mayoría en la Batalla de Belchite en Teruel, que era el frente más temido, morían  como piojos y de allí salió una canción popular que decía:

Belchite ya no es Belchite,
Belchite es un matadero,
Donde van los milicianos
A morir como corderos.

 

Mención aparte merece la muerte de Modesto Acosta Cañabate, que era el Teniente de Puesto en la Comandancia de la Guardia Civil de Albox por aquellos días, una noche los milicianos rodearon el puesto y fueron a por él y el resto de guardias civiles, él observó que no tenía posibilidad de defender el puesto y salir bien parado de allí, decidió rendirse para evitar un baño de sangre, pero su suerte ya estaba echada, tomase la decisión que fuere, a los pocos días se lo llevaron al Campo de Tabernas y lo arrojaron vivo a él y todos sus compañeros en unos pozos que había allí de más de 50 metros de profundidad, y posteriormente les arrojaron unas cargas de cal viva para hacer desaparecer sus restos.

Otro hecho que nos causó un gran impacto y nos llenó de miedo, fue la muerte de Don Gonzalo y de Joaquín Ruiz, que eran de Tíjola, una noche los milicianos los apresaron en sus casas y se los llevaron hasta las curvas de las higueras del Km. 6 de la carretera de Somontín, allí los bajaron del camión y a unos 20 metros de la carretera los acribillaron a balazos, dejándolos allí tirados, así estuvieron casi 2 meses, hasta que los familiares supieron donde estaban y vinieron a buscar los restos de sus cuerpos. Todo el que pasaba por la carretera durante ese tiempo podía contemplar los cuerpos de estas dos personas, cuyo único delito era el ser personas con un cierto nivel de riqueza.

Durante muchos años todos los somontineros que bajábamos jaboncillo a la estación de Purchena, al pasar por las higueras podíamos ver a pocos metros de la carretera una cruz que colocaron sus familiares en recuerdo de su memoria.

A “Pasamontes” no le quedó más remedio que ir al frente de Cataluña, donde al final calló prisionero, lo metieron en la cárcel y según dijeron, como tenía mucho miedo por todo lo que había hecho, intentó escaparse con otros 4 prisioneros más a través de las tuberías de las aguas sucias de Barcelona, uno de ellos era también del pueblo: Pepe Pallarés, que estaba casado María Fernández, no pudieron conseguir su objetivo, ya que murieron todos asfixiados por la emanación del gas metano de las alcantarillas.