La leña

La sierra, por último, también ha sido generosa con la aportación de su abundante flora y vegetación, rica, además del esparto, tomillo y romero, sobretodo en chaparros, retamas y pinos, que muchos hemos recogido para calentar nuestras casas en invierno y hacer nuestras comidas y guisos, unos pocos somontineros encontraron en la recogida, casi diaria de leña, su medio de vida, ya que se dedicaban a ello, para así ganarse el pan de cada día, ni mejor dicho, por que los hornos para cocer el pan eran de leña y se necesitaba una gran cantidad de la misma para poder calentarlos y confeccionar tan básico alimento. Era un trabajo muy duro y mal pagado, las manos de los que se dedicaban a este menester, estaban llenas de pinchos y astillas, sangrando en muchas ocasiones.

Los somontineros que se dedicaban a la leña, se tenían que levantar muy temprano, antes del amanecer, desplazarse a la sierra y con la salida del sol, comenzar su tarea cortar y de recoger leña, para estar en el pueblo antes del oscurecer, se amontonaba la leña, se hacían los haces y se cargaban los burros hasta arriba de todo, tan arriba, que apenas se podía ver algo del animal que portaba la carga, por delante de un montón de ramas salía una pequeña cabeza de burro con anteojeras, amarrada de reata al animal que abría el camino y para el pueblo a descargar al horno.

Entre los que más se dedicaron a esta labor de ir a buscar leña, sobre todo al Cañico, cabe citar, a modo de recuerdo y reconocimiento, al “tío Cucalo”, el “tío Paterno”, a Joaquín “Malo” el Hornero, el “tío Emilio Ventura”, el “tío José Isaac” que era de Lúcar, “El Calabazas”, “Gervasio el Perdío”, a “Juan Pizo”, a “Antonio el Cucalo” especialista en aliagas, era casi el único que se atrevía con ellas, etc.

En muchas ocasiones, la leña que recogían los leñadores, los horneros se la canjeaban por pan, a razón de un pan de 2 kilos por una buena carga de leña. También era común el pagar al hornero por la prestación de su servicio, o sea por la cocción de una tabla de pan, lo que era igual a 10 panes, el hornero se quedaba con uno como pago a su trabajo y uso del horno, a esta operación se le llamaba “la polla”.