La contratación y el pesaje

Cada compañía tenía en Somontín un delegado o persona de confianza, que se encargaba de contratar con los mineros la compra de jaboncillo, el día de la entrega y de realizar las labores de pesaje, recuento o anotación de la cantidad entregada por cada pozo o mina, y más tarde era el encargado de realizar los pagos a los mineros y acarreadores.

En los últimos años de explotación del jaboncillo, en Somontín tenemos como delegados: por la “Compañía de Pepe Oliver” a Luis Galera, por la de “Los Leoneses” a Gregorio Bautista, la de “Diego Ruiz” la representaba Juan “Faustina” Acosta y la de “Echeverrías & Acosta” a otro Luis Galera “el Papa Lis”, que no tiene nada que ver con el otro citado anteriormente.

Éstos y otros que ejercieron esta función, en primer lugar se encargaban de contactar con los mineros para realizar la compra del jaboncillo y de acordar el precio, cuando tenían contratada la cantidad solicitada por la Compañía, se fijaba el día de la entrega, que normalmente coincidía con el de varios pozos y minas, para así hacer también rentable el acarreo.

El día de entrega, el representante se desplazaba a la sierra y se presentaba en el pozo o mina contratada, allí se encontraba con el representante del ayuntamiento y con los propietarios que entregaban y por orden de llegada, una inmensa y larga fila de animales y de arrieros que esperaban su turno para cargar el jaboncillo al animal.

El pesaje se realizaba con una romana, primero se llenaba un esportón de jaboncillo, hasta alcanzar los 50 kgs., se le enganchaban los ganchos (un doble gancho unido a una anilla central, todo de acero), que se colgaba en la romana, ésta a su vez estaba sujeta a una cabria, que se apoyaba sobre tres palos o puntos de apoyo, anclados en el suelo, si faltaba un poco de talco se le añadía al esportón y si sobraba se le quitaba, hasta dar el peso que tocaba.

Cuando se tenía el quintal (50 kgs.) pesado, se vaciaba en un saco y se colocaba sobre uno de los lomos del animal, que esperaba se le colocase otro quintal al otro lado, la carga completa era de 2 quintales (100 kgs.), se amarraba la carga y listo para comenzar el camino. Así, paulatinamente se iban cargando animales, hasta que se acababa en jaboncillo en el pozo o mina, cuando esto sucedía, todo el aparejo de pesaje y el pesador, se desplazaba al siguiente pozo o mina de entrega, que solía estar cerca, se procuraba que esto fuera así, para hacer más rápida y amena la labor.

Cada encargado del pesaje se cercioraba de que el peso fuera el correcto, además apuntaba en una librera las cargas entregadas en cada puesto, cosa que era comprobada a su vez por un responsable del pozo o mina, y el representante del ayuntamiento, que controlaba la producción de cada pozo o mina, para posteriormente, tasar los impuestos municipales que habían de abonar los propietarios de las minas y pozos, con los que prácticamente se cubrían el total de los ingresos municipales, y así estar de acuerdo las tres partes interesadas, esta era una labor muy importante, ya que a la hora del pago también había que estar de acuerdo y por otro lado, en la fábrica o molino de la compañía contratante, había otro responsable que se encargaba de anotar las cargas que llegaban y se depositaban en cada entrega, era un control muy exhaustivo y casi nunca hubo diferencias.

Posteriormente, casi siempre pasado un mes o dos, llegaba el día de pago del jaboncillo a los mineros y a los acarreadores, que se realizaba en la casa de la persona responsable de la compañía en Somontín, era el día grande, el día de poder pagar las deudas, del ahorro o de poder realizar nuevas compras.