A Somontín

Navidad e invierno.
De Lúcar a Somontín
agua, nieve y viento;
un trapecio de veredas
- vericuetos del destino -
se enreda en nuestro camino.

Entre cortijo y cortijo
hasta la ronda del pueblo,
solo canta su consuelo
el abrazo de la lumbre
y el beso del chimichurre.

Somontín cordial y amigo,
juega como testigo
en una batalla de estrellas
con cicatrices de talco
en la historia de sus sierras.

La Rambla lleva hasta el río
toda una ilusión de espejos,
¡ lastima que el Almanzora
tan agreste, tan esquivo
deje el mar de su cuenca
en el cajón del olvido!

Las gentes de Somontín
dividen su yerbabuena
entre el sudor de los campos,
la polvareda de talco
y el verde guardia civil.

Y el carnaval de los tiempos
que hace niebla los recuerdos,
no impide que yo desee,
volver a andar los caminos
adornados de trapecios.