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San Sebastián 2009. ¡¡¡Actualizado!!!

Ramón ha continuado enviando fotos y ya tenemos un reportaje de las fiestas de este año bastante "apañao".

Hemos introducido las fotos nuevas, quitado algunas repetidas y las hemos organizado todas en tres álbums.

Que las disfrutéis.

(Podéis seguir enviando, que aún nos queda sitio)


Ramón López, el Espartero, ha cumplido su promesa y nos ha enviado más de 100 fotos de las fiestas que acaban de pasar en Somontín.

Muchas gracias Ramón.

Las tenéis en el álbum de 2009, dentro de las Fiestas de San Sebastián.

Esperamos más de todos los que queráis colaborar.

Para enviar enviarnos las fotos ya sabéis como:

Pinchad aquí y se abrirá una ventana en la que sólo tenéis que pinchar en el botón "Examinar" para buscar en vuestro ordenador la foto (una a una) o mejor el archivo comprimido ZIP (varias, hasta 38 Megas) que queréis mandar. A continuación pulsáis el botón "Subir el fichero" y esperáis hasta que aparezca en la ventana "Se ha subido el fichero" (puede ser un buen rato, dependiendo de la velocidad de la conexión y del tamaño del archivo).

Fotos de la nevada de la semana pasada

José Sánchez nos ha enviado 16 fotos de la nevada que hubo la semana pasada en Somontín. Es la primera de 2009.

Muchas gracias Pepe por tu colaboración.

Como vemos que la nieve se está convirtiendo en una visitante habitual de Somontín hemos creado en el Álbum de Fotos un apartado específico de Nevadas. Allí encontraréis las fotos que nos envía Pepe en el álbum de 2009.

Primera nevada de este invierno en Somontín

¿Alguien recuerda haber visto nieve en Somontín en el mes de noviembre?

Pues este año es posible.

Ayer jueves, 27 de noviembre, amaneció como podéis ver en estas fotos que nos ha mandado Antonio Azor, que está siempre antento a darnos información "fresca" de nuestro pueblo. Muchas gracias.

Para ver todas las fotos y con un tamaño mayor sólo tenéis que ir al Álbum de fotos.

Los Santos

Sin saber muy bien por qué, costumbres propias de otras culturas llegan a nuestros pueblos y acaban suplantando a las nuestras.

No estoy seguro, porque hace muchos años que no estoy en los primeros días de noviembre en Somontín, pero con bastante probabilidad, la noche de Halloween con sus disfraces tétricos es mucho más conocida para los niños y jóvenes somontineros que lo que hacían sus padres esa misma noche no hace demasiado tiempo.

El domingo antes del día de Todos los Santos, 1 de noviembre, el grupo de niños que habitualmente hacíamos de monaguillos en misa, que éramos casi todos los que había en el pueblo entre 6 y 15 años, salíamos de casa en casa pidiendo dinero y repartiendo agua bendita con la consigna de la Santa Paz (nunca llegué a saber exactamente de qué se trataba).

No daba la colecta para invertir en bolsa, pero sí para que don Luís Mesas comprase unos kilos de castañas, unas tabletas de chocolate de hacer, algún boniato o simplemente unos bollos de pan de aceite, con lo que cenábamos la noche del 31 de octubre y nos llenábamos los bolsillos para llevar a casa.

Esa noche era especial. La pasábamos en la iglesia, entre la sacristía y el campanario, tocando a muerto. Sí, tocábamos las campanas con el ting-tiang que acompaña a las misas de difunto o avisa de la muerte de alguno de nuestros paisanos. Pero de noche y durante horas. En mi época, hace unos 35 años, a eso de las 12 de la noche parábamos y nos volvíamos a casa, sin embargo me cuenta mi padre que en la suya estaban toda la noche tocando.

Para los que estábamos allí era una fiesta, que casi siempre acababa en película de terror cuando, a los más grandes, se les ocurría empezar a contar historias de miedo.

En aquel tiempo y con nuestra edad no estábamos acostumbrados a ver cine de terror; alguna película a lo sumo, de serie B en blanco y negro, cuando no tenía rombos. Sin embargo, la imaginación no necesitaba demasiados motivos para que una historia fuese realmente escalofriante en aquel ambiente.

Sólo hace falta ponerse en el lugar de una docena de críos dentro de la iglesia, de noche, con el sonido de las campanas de muerto de fondo y alguien explicando una historia que había escuchado contar a sus abuelos, mientras el gracioso de turno apagaba la luz.

Ahora, por mucho menos llevamos a nuestros hijos al psicólogo.

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